Como ya he dicho, aquí hay tiempo para leer. Armado con un diccionario (de cuyo privilegio disfruto por ser presidiario ya viejo) he descubierto a Pablo Palacio, he descubierto el significado de sus bellas palabras. Mientras, ahí fuera, arde la estación de la poesía.
No he podido resistir una especie de atracción magnética que nace entre algunas de esas palabras. Se han juntado en una especie de poema (¡con rima!):
¡Treme, treme; ababol bajo el oreo!
Treme, treme; piélago adunco de flores blancas e intemperadas.
Treme, treme; prima del junco con sangre en la punta
Treme, treme; en mayo, un mar de amapolas libres atraviesa la enrejada.
¡Treme, treme; que nadie sepa que ocultas
Opio puro, bajo tu tallo verde y tu piel blanca.
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16 de junio de 2010
29 de mayo de 2010
25 (Para Elena)
A lomos de peces que son seres del aire (los que habitan esa tarde algunas nubes)
se confirma el sueño, con su llegada lenta y ordenada,
se confirma el sueño, con su llegada lenta y ordenada,
con sus colas encendidas a lo largo del colchón.
Me acerco al precipicio para verlos pasar.
¡Atención, rémoras!, caen sin sobresaltos al vacío,
Me acerco al precipicio para verlos pasar.
¡Atención, rémoras!, caen sin sobresaltos al vacío,
lentamente, mecánicamente.
Pero no se suicidan, no. Solo buscan otros planos más amables
Pero no se suicidan, no. Solo buscan otros planos más amables
y se lanzan sin dudarlo por el talud blanco,
sobre el vacío abierto que termina en el mar.
6 de abril de 2010
24
Mujeres que fueron jóvenes pasean hoy aquí sus turgencias, exponen de improviso
intensas oscurosidades.
Se saben, por hoy, deseadas. Y eso parece bastarles.
Suben escaleras automáticas, que elevan varios pisos sus sonrisas
que cruzan sus perfumes en el aire
con lagrimas de perro.
intensas oscurosidades.
Se saben, por hoy, deseadas. Y eso parece bastarles.
Suben escaleras automáticas, que elevan varios pisos sus sonrisas
que cruzan sus perfumes en el aire
con lagrimas de perro.
13 de marzo de 2010
23 SE VACÍAN CEREBROS
Hay pequeñas ciudades que huelen a muerte.
Uno se acerca trayendo lo gris, y descubre el olor a la muerte
tras los ojos de todos.
Aunque tiene parques y plazas y un río... la muerte.
La muerte, inundando de olor.
Un cartel dice: "SE VACÍAN CEREBROS"
(¡Sal despacio, y no vuelvas!)
Uno se acerca trayendo lo gris, y descubre el olor a la muerte
tras los ojos de todos.
Aunque tiene parques y plazas y un río... la muerte.
La muerte, inundando de olor.
Un cartel dice: "SE VACÍAN CEREBROS"
(¡Sal despacio, y no vuelvas!)
10 de marzo de 2010
22
Lugartenientes de la nada
monopolistas de las grandes cosas invisibles y desbordantes.
Rabinos del Ranúnculo Dorado,
cuidadores de surco inmóvil.
Os sabemos grandes y finitos, os veneramos (si hace falta) con unción de filisteo.
Os devolvemos la nada, a manos llenas si es preciso.
¡Pero decidme, decidme!: ¿qué buscáis entre las flotantes heces y las moscas que agonizan bajo el agua?
monopolistas de las grandes cosas invisibles y desbordantes.
Rabinos del Ranúnculo Dorado,
cuidadores de surco inmóvil.
Os sabemos grandes y finitos, os veneramos (si hace falta) con unción de filisteo.
Os devolvemos la nada, a manos llenas si es preciso.
¡Pero decidme, decidme!: ¿qué buscáis entre las flotantes heces y las moscas que agonizan bajo el agua?
1 de septiembre de 2009
17
Llegados a este punto deberemos estar preparados: un elefante asesino elevando como un muñeco de trapo a su cuidador, soltándolo a una rota acrobacia en el aire y aplastándolo luego como a un insecto sin mostrar ninguna misericordia, es una señal.
A pesar de los gritos, de los focos, de las carreras y de la tremenda algarada, hay que estar preparados.
A pesar de los gritos, de los focos, de las carreras y de la tremenda algarada, hay que estar preparados.
6 de febrero de 2009
14 FIGURAS HUMANAS

A lo lejos, en el campo, la silueta negra de un buitre se confunde con la de un hombre. Es un hombre de cabeza muy pequeña, y hombros estrechos, que se mueve torpemente hacia los lados. Junto a él, otras siluetas iguales se reúnen; permanecen casi inmóviles, o se balancean lentamente y avanzan con torpeza.
Solo la Roca Madre observa el ritual. Mira las aves humanas, reunirse en un corro sobre la llanura. Son como husos erguidos, agitándose sobre la landa. Es «el baile de los hombres-buitre», es la agitación oscura de las sombras.
A lo lejos, entre siluetas negras y perfiles angustiosos de rapaz, entre arbustos muertos y ramas de esqueleto; un hombre-buitre le tiende la mano a otro. Y entonces el baile termina: el trato se cierra.
Después, el hombre-buitre agarra un palo y lo blande sobre las nubes con rabia, mientras despliega la poderosa y oscura alada. Eleva su cuerpo en el aire, y en su ascenso, amenaza con el palo al horizonte. ¡Y hasta a la mismísima Roca Madre!
La Roca Madre parece sabérselo ya, haberlo visto muchas otras veces. Mira imperturbada a través de sus riscos, de los que nacen sus miles de ojos, ―que brotan desde el infierno, hasta más allá de las nubes violetas― y es así testigo silencioso y perenne ―de todo―: del baile de los hombres-buitre, del trato que cierran las garras, de sus amenazas seguidas de turbios despegues, y del paso desordenado de sus armadas sombras.
¡Oh!, Roca Madre que estás en los cielos, roca nuestra de pecho bruñido, vigilante de augurios de horror y de manchas que ruedan por tus extendidas faldas, que sobrevuelan cruzando tus indolentes tajos, llenos de pasto reseco, de tembloroso frío, que silba y se arrastra.
¡Oh, Roca Madre que miras al cielo…!
«Dánosle hoy, dánosle hoy»
Solo la Roca Madre observa el ritual. Mira las aves humanas, reunirse en un corro sobre la llanura. Son como husos erguidos, agitándose sobre la landa. Es «el baile de los hombres-buitre», es la agitación oscura de las sombras.
A lo lejos, entre siluetas negras y perfiles angustiosos de rapaz, entre arbustos muertos y ramas de esqueleto; un hombre-buitre le tiende la mano a otro. Y entonces el baile termina: el trato se cierra.
Después, el hombre-buitre agarra un palo y lo blande sobre las nubes con rabia, mientras despliega la poderosa y oscura alada. Eleva su cuerpo en el aire, y en su ascenso, amenaza con el palo al horizonte. ¡Y hasta a la mismísima Roca Madre!
La Roca Madre parece sabérselo ya, haberlo visto muchas otras veces. Mira imperturbada a través de sus riscos, de los que nacen sus miles de ojos, ―que brotan desde el infierno, hasta más allá de las nubes violetas― y es así testigo silencioso y perenne ―de todo―: del baile de los hombres-buitre, del trato que cierran las garras, de sus amenazas seguidas de turbios despegues, y del paso desordenado de sus armadas sombras.
¡Oh!, Roca Madre que estás en los cielos, roca nuestra de pecho bruñido, vigilante de augurios de horror y de manchas que ruedan por tus extendidas faldas, que sobrevuelan cruzando tus indolentes tajos, llenos de pasto reseco, de tembloroso frío, que silba y se arrastra.
¡Oh, Roca Madre que miras al cielo…!
«Dánosle hoy, dánosle hoy»
26 de julio de 2008
VIVIR DE LA PLUSVALIA
¡Oh!, vivir de la plusvalía…
¡Oh!, parecerse a Dios…
Obtener los frutos sin haber labrado tierra.
Tener mil hijos, sin haberlos concebido.
*
¡Oh, creedme, tened fe!
*
¡Oh, creedme, tened fe!
¡Postraros frente al Rey!...
¡Postraros frente a Dios, frente al Rey, y frente a mí!
¡Trabajad ahora, pero olvidad que el fruto nace del trabajo!
¡Porque el fruto es mío!
¡Callad y sed humildes! ¡ARRODILLAOS AHORA!
*
*
Hacedlo, y podréis vivir. Y puede que algún día… Puede que algún día —hijos míos—, puede que algún día os parezcáis a mí.
¡Amen!, ¡amen!
¡Amen!, ¡amen!
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