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21 de septiembre de 2010

27

Me siento en mi esquina favorita. El funcionario que huele mal está de turno, y al poco de haberme sentado a leer detiene el arrastre de sus pies frente a mi celda:
-¿Qué estas leyendo 2114? -dice como si le importara.
Yo me hago el sordo y sigo con Zaratustra. No me gusta ese tipo. Y no es particularmente por el olor, es demasiado calvo, su cabeza brilla como un barrote, suda... y lleva tatuada una palabra en la espalda; pero escrita con las letras al revés, es decir, la parte de arriba de las letras abajo y viceversa.
Cuando se arrodilla frente a otro hombre y baja su cabeza brillante, sólo entonces, puede leerse el tatuaje

16 de junio de 2010

26

Como ya he dicho, aquí hay tiempo para leer. Armado con un diccionario (de cuyo privilegio disfruto por ser presidiario ya viejo) he descubierto a Pablo Palacio, he descubierto el significado de sus bellas palabras. Mientras, ahí fuera, arde la estación de la poesía.
No he podido resistir una especie de atracción magnética que nace entre algunas de esas palabras. Se han juntado en una especie de poema (¡con rima!):

¡Treme, treme; ababol bajo el oreo!
Treme, treme; piélago adunco de flores blancas e intemperadas.

Treme, treme; prima del junco con sangre en la punta
Treme, treme; en mayo, un mar de amapolas libres atraviesa la enrejada.

¡Treme, treme; que nadie sepa que ocultas
Opio puro, bajo tu tallo verde y tu piel blanca.

6 de abril de 2010

24

Mujeres que fueron jóvenes pasean hoy aquí sus turgencias, exponen de improviso
intensas oscurosidades.

Se saben, por hoy, deseadas. Y eso parece bastarles.

Suben escaleras automáticas, que elevan varios pisos sus sonrisas


que cruzan sus perfumes en el aire

con lagrimas de perro.

13 de marzo de 2010

23 SE VACÍAN CEREBROS

Hay pequeñas ciudades que huelen a muerte.
Uno se acerca trayendo lo gris, y descubre el olor a la muerte
tras los ojos de todos.
Aunque tiene parques y plazas y un río... la muerte.
La muerte, inundando de olor.

Un cartel dice: "SE VACÍAN CEREBROS"

(¡Sal despacio, y no vuelvas!)

30 de enero de 2010

21

Hoy soñaré con el Sujeto Escindido.
Lo veré colgado
de una masa informe, color costra
bandeándose contra el aire boca abajo
como una hoja en otoño
que espera la brisa fuerte para culminar su escisión.

¡El Sujeto Escindido!
Mira el mundo boca abajo y esta es la visión más fiel.

¡El Sujeto Escindido!
Se bandea torpemente,
y espera la brisa para volar.

11 de enero de 2010

20

Algunas veces en la cárcel, sientes que una leve brisa puede arrancarte algo de pelo, los dientes se te vuelven dúctiles como pasta cocida, los ojos comienzan a transformarse en canicas de algo que parece loza. Te agitas en una especie de espuma grisacea, en desesperanza. Ni siquiera te sientes morir porque quizá lo estés ya. Puede que seas un puto muerto, un puto muñeco que camina.

Esta vez un amigo me ha salvado. (No es la primera vez que lo hace.) Me puso en la pista de una sustancia que tiene la particularidad de resucitarte. Es una «droga dura», se llama Trópico de Capricornio, de Henry Miller. Se administra de un solo golpe a través de las córneas de los ojos, y como un mazazo en la testa te arranca de inmediato de la muerte, pone de nuevo tus dos patitas a correr entre los vivos, entre los Hombres Libres que saltan, que gritan, que follan; que incendian avenidas a su paso, que gozan y abarcan praderas con el pecho; que aman, sufren, sienten, lloran. Hombres libres y plenos que desnudos en cuclillas bailan, al tiempo que cacarean como pavos: ¡estoy vivo!, ¡estoy vivo!, ¡estoy vivo!

Gracias Ángel, gracias Henry.

26 de septiembre de 2009

19 MICRO-RELATO

Cuando despertó, la libertad no estaba allí.

1 de septiembre de 2009

18

Son las doce de la noche. Alguien da un golpe contra los barrotes de su celda y repentinamente recupero la voz que había perdido. Entones en un momento de euforia me apetece dar un poco de guerra. Así es que grito:

-¿Hay alguien vivo por ahí o algún funcionario de mierda para tocar los cojones? -sabiendo que hay gente despierta que escucha y que enseguida vendrá el funcionario que esté de guardia a reprenderme por dar voces a estas horas.

Nadie contesta. Pero el golpe en los barrotes se repite y al instante pierdo de nuevo la voz, como por ensalmo, y justo cuando el funcionario de turno llega a pedirme que me calle:

-¡Cállate 2114, no busques problemas en mi turno, no seas majadero! -Dice susurrando junto a los barrotes de mi celda al tiempo que me alarga un Ducados.

Como acabo de perder la voz ya no puedo responderle, ni montar más nada. Saco con la boca el pitillo para acercarlo a la lumbre del mechero que me ofrece. «Otra vez será, canarín de presidio», pienso con el pico iluminado y un barrote fresco a cada lado de la cara.

17

Llegados a este punto deberemos estar preparados: un elefante asesino elevando como un muñeco de trapo a su cuidador, soltándolo a una rota acrobacia en el aire y aplastándolo luego como a un insecto sin mostrar ninguna misericordia, es una señal.
A pesar de los gritos, de los focos, de las carreras y de la tremenda algarada, hay que estar preparados.

17 de mayo de 2009

16

Esta tarde, después del paseo, mire por la ventana y en vez de un patio había una tabla de planchar. Metí la mano en el petate y noté que estaba lleno de ojos pequeños que parpadeaban. Luego abrí la caja metálica que guardo debajo del camastro, y en vez de cartas y dibujos había varios teléfonos móviles que me llamaban a la vez, con estupidas musiquillas.
Por la noche, al quitarme los zapatos, me di cuenta de que en vez de pies tengo pezuñas de cerdo.
Me recosté despacio, sin insultar al padre de nadie. "Buenas noches", dije mirando al cielo de la celda, que lógicamente no contestó.
Aunque la almohada sí, la almohada dió un respingo que sin duda era un puntapié lleno de mala leche.

27 de marzo de 2009

15

Oigo ruidos en la noche, voces: «¡Fiesta del cuento!, ¡fiesta del cuento!» se escucha junto a un alboroto de risas y gente que es como el murmullo de un río, pero inconstante. Mientras, en mi celda, un gato nuevo trata de engullir a otro más pequeño que saca la cabeza y una pata a través de la boca del primero. Un colibrí liba una enorme hortensia, y un pequeño vencejo azul juega con un gusano en el pico, antes de decidir tragárselo y salir volando. «¡Fiesta del cuento!, ¡fiesta del cuento!» se escucha sin cesar, junto a gritos que afean la música -algo siniestra y repetida- que toca un banda de jazz compuesta por interpretes enanos. Hoy no podré dormir, con todas esas cosas juntas aqui arriba y los ruidos y los gritos de ahí abajo.

Salen de la fiesta lentamente, unos se abrazan al pisar la calle, otros gritan cuando ven el cielo, o alzan los brazos y se desperezan; otros andan dando tumbos por la calle, como si hubieran bebido demasiado.

-¡Fiesta derretida del cuento! -grita una niña que mira desde abajo fijamente hacia la cárcel.

Desde la piltra, hay un fulgor extraño que entra por el ventanuco de mi celda, y es un fulgor que cambia todo el rato, por momentos fluorescente y por momentos opalino, que crea criaturas inquietantes en lo oscuro. ¡Sí, sí, «fiesta del cuento, fiesta del cuento»: pero aunque me levante muchas veces y me acerque a la ventana de la celda, no logro comprender porqué, porqué!

6 de septiembre de 2008

13

VOY a la biblioteca de la cárcel. Pero hoy no quiero montar el pollo, hoy no pienso inmolarme frente a ninguna balda. Tampoco sacaré la picha y ni mearé tras el mostrador, mientras deletreo al funcionario —despacísimo, como si fuera subnormal— el titulo de algún libro. Hoy solo quiero pedir uno: ¡tan solo eso, pedirlo!

—Hola; quería pe…

—A ver, ¿qué libro querés hoy? —dice el funcionario ceñudo, sin dejarme acabar la frase, y lanzándome una mirada insidiosa, porque ya me conoce y me la tiene jurada— y no me pidás boludeces, que sabés de sobra que no hay; ni montés numeritos de los vuestros, si no querés acabar con un rasho de veinte mil voltios en pecho, como la última vez.

Apoyo los codos sobre el mostrador de metal que nos separa, y le digo quedamente:

— ¡Quiero —despacio, vocalizando cada palabra— “El-vizconde-Pajillero-de-los-Cojones-Blandos”; de Benjamín Péret!—, y me quedo fijo, mirándole a los ojos.
— ¡Eh... está bien, lo encargo, lo encargo! –contesta bajando la mirada hacia el ordenador, y buscando el timbre de seguridad bajo la mesa– pero ya sabés que este tipo de libro podría demoraros hasta doce años.

19 de agosto de 2008

12

AMO con todas mis fuerzas a un árbol. Junto a la impresora del aula de ordenadores hay un cartel que dice: «ahorra papel, eres responsable de los árboles que se talan». Me quedo parado un momento, porque me sorprende la grave acusación.
Doy imprimir veinte copias que no necesito y corto el cable de la impresora cuando todos me miran.
Luego, en el baño, ya más a solas; sentado en la taza pienso en la posibilidad de masturbarme y observo el inmenso rollo de papel higiénico, lleno de florecillas rosas.

15 de agosto de 2008

11

UN VIENTO arrastra miles de notas hechas con un xilófono de madera por el suelo. Mis muslos. La parte del cuerpo de la que soy más consciente -pero que no veo aún- están ahí, muertos sobre el banco, también de madera. Me extraño al abrir los ojos y ver el Verde y Negro de un seto que se extiende a mi lado, en paralelo a mis piernas -que ahora sí; ya veo-. Están estiradas sobre las tablas, y tienen el vello erizado (visto calzón). El soplo de aire que me ha devuelto a la cárcel, esta tarde, se aleja con hojas rastreras.
Me despierto de una siesta en el patio.
¿¡Y soy yo!?
Pero al despertar tengo un estribillo sonando en la cabeza, de forma repetitiva. Es este:

Y es
que
me
paso el día de juerga
toda la noche sin descansar,
zapateando y dando candela,
con la chavalas cerca del mar…
¿A dónde habré ido sin moverme del banco? ¡Es una canción que no oía desde hace décadas! Mientras me froto la cara, me pregunto qué habré podido soñar en este recinto carcelario para tener de repente un recuerdo así, de esta canción perdida, repitiéndose en mi cabeza.
Me incorporo. Antes de volver a mi celda imagino un yo otro en la playa, ¿hace treinta años? Verano. Vivo una especie de sueño de los setenta: una playa de la costa del sol, llevo un polo rojo ajustado y en este sueño, aunque soy rubicundo, mi melena es oscura, voy de juerga. ¿Zapateando y dando candela? Sí, a toda velocidad, en moto, por las curvas de una carretera estrecha que me lleva a la playa, ¡soy libre, y el viento me sujeta la cara! Ando hacia mi celda. Pero en mi sueño se escucha el petardeo de la Puch Minicrós Súper de depósito naranja, rebotando en los pasillos de árboles por los que atravieso.
Voy a toda prisa, con las chavalas cerca del mar…

18 de julio de 2008

10

En la cárcel hay tiempo para leer. Lees mucho pero hablas poco, algunas veces te preguntas si conservas todavía la capacidad abandonada de emitir sonidos. Levantas un poco la cara y emites uno, al azar: “HEM, ¿ARI?, ¡ARE!, HEM” Sí. Verificas que conservas esa inútil facultad de parlotear (¿la usarás en el futuro?) y te despreocupas, bajas de nuevo la cabeza en un leve movimiento hacia su posición normal, hacia el libro; y sigues a lo que verdaderamente importa: “En búsca del tiempo perdido”.

(En los límites difusos que rodean el texto todo es diáfano, como el verde de una infinita mesa de villar que se extiende y se aleja.)
Aunque la vida aquí no está exenta de algunas cosas inesperadas. Hoy alguien ha dejado un poema entre las hojas del libro mientras yo recogía mi bandeja en el comedor. Habla de mi compañero de celda, Bartleby. Es su novia quien lo escribe:

“... Soy la novia de Bartleby.
Varada.
Siempre a punto de partir
y de escribir un verso con los dedos
en el vaho del espejo, en la puerta del lavabo
o en la hoja rasgada
que encontré en su bolsillo.

Siempre lo pospongo.
Me pregunto hasta cuándo...”
Pilar S.J.

Dejo a Proust, y me quedo pensado en mi compañero de celda, en su novia que aguarda… en la gente, y en sus cabezas. Pienso, en las bolas de billar, en el choque vilento del marfil que modifica sus trayectorias de forma irremediable y loca. Ahí fuera.

30 de junio de 2008

9

EL GRITO debió alcanzar los límites más extremos de la ciudad. Se escuchó un bramar de júbilo que invadía todas las calles como una especie de ciclón, de alarido, de éxtasis humano que lo recorrió todo: ¡OOOOOOOOL!, se oía por todas partes.
Fue entonces cuando asomado al ventanuco de mi celda vi a aquel tipo que saltaba al vacío con una bandera en la espalda. Vi luego otro, que desde el edificio de al lado, desnudo y con pintura de colores en la cara y en el pecho, volaba gritando eso mismo: "¡OOOOOOLl!" Asistí enseguida a un goteo humano que terminó con familias enteras desbordando por balcones y ventanas. Irremediablemente se arrojaban todos al vacío desde lo alto. Hombres, mujeres y niños alzaban sus puños al aire y gritaban aquello en su caida libre: ¡OOOOOL!, ¡OOOOOL!, ¡OOOOOOL!... en lo que interpreté como el paroxismo más amargo de la lluvia de felicidad.

6 de junio de 2008

EL MUNDO HA PETADO

Estoy casi seguro de que el mundo ha petado hoy. Pronto nos llegrá la onda expansiva.

31 de marzo de 2008

8

BARTLEBY es mi vecino de celda. Recluso 2146. Lo juro. Está aquí por negarse a reciclar: «preferiría no hacerlo» dice cuando el funcionario le pide que separe los restos orgánicos de su cena de los cartones naranja en que traen botecitos y ensalada.
«Preferiría no hacerlo» repite cuando insiste el funcionario.
¡No saldrá, nunca!

28 de marzo de 2008

7

ME DESPIERTO en mitad de la noche por el ruido de los megáfonos. Son de nuevo esas furgonetas verdes –«unidades biodinámicas del gobierno», las llaman– emiten mensajes sobre el cambio climático a toda la ciudad: «¡el cambio climático, el cambio climático, nos afecta –vocean– todos somos responsables, hay que hacer algo, hay que hacer algo, hagan algo, hagan algo, el cambio climático, el cambio climático!»
Pasan cada dos horas durante la noche. He oído que esas mismas brigadas ecológicas o «unidades biodinámicas del gobierno» los domingos cortan la luz y el agua en la ciudad, y que prohíben el acceso a los parques sin pagar entrada.

6

LA CÁRCEL se está llenando. Pronto ya no admitirán a gente con pequeños delitos que insiste en entrar.
Habrá que ir pensando en cometer delitos serios para poder vivir tranquilo entre estas cuatro paredes.