LA NOCHE EN QUE LLEGUÉ A LA CARCEL me trataron con cortesía. Me dieron ropa nueva y calcetines. Me asignaron un número gracias al cual yo sería uno más, «no lo olvides, 2114 es tu número» dijo el hombre, sentado tras la mesa con gorra de visera. Y me alzó una mano grande. Al salir al pasillo me di la vuelta y antes de cerrar tras de mi le pregunté si estaba permitido leer: «sí, pero a solas» contestó sin levantar la vista de la mesa.
Fuera hacía frío, era invierno y esa noche iba seguramente a nevar.
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