El hombre, que hacía ya tiempo había abandonado la idea de ser atleta y músico, y luego la idea de poner un restaurante de cosas fáciles que le gustaban a él; se tumbó. Y aunque el ruido, como de bolsas de papel moviéndose despacio y de palos secos masticados por los grillos, se escuchaba por toda la casa; y aunque el salón estaba lleno de sombras raquíticas de lagarto, y de cajones iluminados por la luz eléctrica y blanca que entraba de la calle, no le costó mucho dormirse entre las hojas de una tomatera gigante que había ido creciendo –esa noche– junto a la pared y el borde del mordisqueado del sofá.
14 de marzo de 2008
LA NOCHE
APARTÓ DEL SOFÁ una bolsa de plástico que contenía grillos vivos, y se tumbó boca arriba. Por la ventana entraba la luz helada de las farolas.