
"Creía que los parlamentos muy encendidos eran la envoltura de un afecto más bien mediocre y que había que quedarse con menos de la mitad. No sabía que la exuberancia del alma rebasa muchas veces las metáforas —aparentemente más huecas—, y que nadie puede expresar nunca en la exacta medida sus necesidades, conceptos o sinsabores, y que la palabra humana es como una música para hacer bailar a los osos, cuando lo que nos gustaría es conmover a las estrellas con su son."
Gustave Flaubert