"El enemigo era invisible. O, mejor dicho, estaba en ellos. Los había podrido, gangrenado, destrozado. Eran los que pagan el pato. Criaturas dóciles, fieles reflejos del mundo que se mofaba de ellos. Estaban hundidos hasta el cuello en una tarta de la que sólo obtendrían las migajas."
Georges Perec