17 de mayo de 2009

16

Esta tarde, después del paseo, mire por la ventana y en vez de un patio había una tabla de planchar. Metí la mano en el petate y noté que estaba lleno de ojos pequeños que parpadeaban. Luego abrí la caja metálica que guardo debajo del camastro, y en vez de cartas y dibujos había varios teléfonos móviles que me llamaban a la vez, con estupidas musiquillas.
Por la noche, al quitarme los zapatos, me di cuenta de que en vez de pies tengo pezuñas de cerdo.
Me recosté despacio, sin insultar al padre de nadie. "Buenas noches", dije mirando al cielo de la celda, que lógicamente no contestó.
Aunque la almohada sí, la almohada dió un respingo que sin duda era un puntapié lleno de mala leche.